lunes, 27 de febrero de 2012

En la Capilla Sixtina

En la simetría del quattrocento
italiano, los índices de Adán y de Yahvé
son campos magnéticos, ondas eléctricas.
El Dios viejo y barbado de Miguel Ángel
Buonarroti otorga la vida al hombre inmóvil,
de barro. El índice transmite una orden
muda: nombrad, renombrad, recread el mundo,
creced y multiplicaos
libremente.

Pero el mismo dedo,
el índice que da la vida, se usa para la acusación.

Ojalá no caiga sobre ti, hombre
minúsculo bajo la gran cúpula, la violencia cierta.

Ojalá no se cierren para ti, hombre
indefenso, las puertas blindadas y metálicas
de las prisiones y mazmorras sin luz.

Ojalá no se blandan contra ti, hombre
inerme y sediento de paz, las dagas y alfanjes,
los látigos, las pistolas, de los violentos y extremistas.

Ojalá no te torturen, hombre
desamparado, por tus creencias religiosas
o políticas; ojalá no quemen tus libros por obscenos o indecentes.

Como hombre nacido para la libertad y la vida,
puedo nombrar perseguidores y perseguidos, pero no acuso.

Los acusadores serán también los acusados.

Solo nombro. Nombro el planeta inculto cruzado por el hambre,
la tierra yerma sembrada de arsenales y violencias,
donde difícilmente podemos crecer todos

o multiplicarnos o no

libremente.

3 comentarios:

  1. Te aplaudo,soberbio,veraz...me quedo sin calificativos...bss

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    1. Hola Jesús, me he creado una cuenta gmail para poder participar en tu blog, asi es que ya puedo comentar todo lo que escribes aqui. Me ha gustado esta poesia de la Capilla Sixtina, cuanta razón tienes en lo que dices.

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  2. Gracias a las dos por vuestras amables palabras. Las visitas a los lugares emblemáticos de nuestra civilización deben servirnos para hacernos pensar y seguir mejorando el mundo para todos. Besos.

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