miércoles, 11 de julio de 2012

En los Sanfermines


A las cuatro de la mañana sigo bebiendo calimocho y empiezo a besarme con un tío rubio, duro como una estatua de Miguel Ángel, que alguien me ha presentado por San Nicolás. Santa Rita, Rita, me digo, agarrándome al teutón como un cefalópodo y me sumerjo en la noche oscura del Berlín pamplonés. Me viene a la cabeza una canción absurda que dice que Rufo es un pescador y que en su casa hay un jardín pequeño. La tarareo mentalmente mientras mantengo los ojos cerrados y la boca se me llena de la extraña sintaxis alemana. A las ocho me sacan del dulce ensueño con un par de bofetones, para que vea pasar el encierro por la Estafeta desde el balcón de una asociación de pescadores, me dicen, pero a mí solo me da tiempo de ver pasar un toro y algunos danzantes antes de que se me caiga la cabeza sobre el hombro de mi novio. Quiero seguir durmiendo con él, encima de él si puedo, y quiero que al despertar no sea verdad nada de lo que estoy bebiendo desde las cuatro de la mañana, porque, si no, ¿cómo me vuelvo yo a Barasoáin y se lo cuento a Pepi?

3 comentarios:

  1. es muy bueno!!!!que te voy a decir...me ha encantado
    ,casualmente estoy terminando un amago de articulo hablando de los San Fermines,supongo que sera normal,pues aunque no estemos en Pamplona su llamada nos llega igualmente..viva San Fermin!!Gora!!
    bsssss

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  2. Pobre de mí... Muy bueno, Jesús.

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  3. Me ha divertido mucho este microrelato lleno de ironía marca de la casa. Y me ha gustado mucho toda esa verdad que encierra, esa imagen caótica que yo tengo de esa célebre Fiesta, que se nota conoces muy bien ¿No serás navarro por un casual?

    Enrique Vales Villa

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