domingo, 4 de marzo de 2012

La hipoteca

De mi chalé adosado en la sierra madrileña, lo que más me pesa es la hipoteca, a todas luces indigesta, y la reunión ritual que tiene lugar en el salón, cada noche, a las tres de la mañana. Procuro no asistir, para lo que me dopo convenientemente con un lexatin de tres miligramos y, generalmente, duermo a pierna suelta, como un bendito; por la mañana, recojo los vasos y las botellas, limpio por encima para que no sospeche la asistenta y ventilo el humo denso de los habanos.

El problema se produce cuando me arde el estómago, me desvelan las preocupaciones vitales y me aflige la falta de intimidad. Entonces oigo las voces en el salón, el tintineo de los hielos en los cubatas y las risas cómplices, y no puedo resistirme a sumarme a la fiesta rutinaria. Abandono el lecho, me sirvo un ron mientras enciendo un pitillo y charlo, charlo como un hombre ilusionado, el resto de la noche, con los fantasmas de mis padres, de mi mujer, de mis hijos, que vienen del reino de las sombras, según dicen, para que no me sienta solo en las horas nocturnas.

2 comentarios:

  1. Excelente Jesús me ha gustado mucho tu blog..


    "el tintineo de los hielos" las maravillosas letras que nacen en la intimidad mas profunda.

    Saludos

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