lunes, 27 de febrero de 2012

En la Capilla Sixtina

En la simetría del quattrocento
italiano, los índices de Adán y de Yahvé
son campos magnéticos, ondas eléctricas.
El Dios viejo y barbado de Miguel Ángel
Buonarroti otorga la vida al hombre inmóvil,
de barro. El índice transmite una orden
muda: nombrad, renombrad, recread el mundo,
creced y multiplicaos
libremente.

Pero el mismo dedo,
el índice que da la vida, se usa para la acusación.

Ojalá no caiga sobre ti, hombre
minúsculo bajo la gran cúpula, la violencia cierta.

Ojalá no se cierren para ti, hombre
indefenso, las puertas blindadas y metálicas
de las prisiones y mazmorras sin luz.

Ojalá no se blandan contra ti, hombre
inerme y sediento de paz, las dagas y alfanjes,
los látigos, las pistolas, de los violentos y extremistas.

Ojalá no te torturen, hombre
desamparado, por tus creencias religiosas
o políticas; ojalá no quemen tus libros por obscenos o indecentes.

Como hombre nacido para la libertad y la vida,
puedo nombrar perseguidores y perseguidos, pero no acuso.

Los acusadores serán también los acusados.

Solo nombro. Nombro el planeta inculto cruzado por el hambre,
la tierra yerma sembrada de arsenales y violencias,
donde difícilmente podemos crecer todos

o multiplicarnos o no

libremente.

domingo, 19 de febrero de 2012

La estima

Cuando mi amigo Pedro cayó en una depresión de esas de caballo, tras una crisis personal y profesional que le cambió la vida en un santiamén, pocos pensaron que podría levantar cabeza, él que siempre había sido tan pasmado y tan pusilánime. Tal vez por eso las pocas amistades que le quedaban le abandonaron poco a poco a su suerte y, lentamente, como el cadáver de un ahogado vagando por las corrientes marítimas, cayó para todos en el más completo de los olvidos. Era como si se lo hubiera tragado el mar.
Pero Pedro no estuvo ocioso. Cuando se vio olvidado por todos, lejos de sentirse frustrado ante la injusticia y la deslealtad, optó por reconstruirse, inventarse de nuevo, salir a la superficie por sus propios medios y contra sus propios miedos. Su primer apoyo sólido se lo facilitó el psicólogo de la sociedad sanitaria, un hombre insignificante y que hablaba poquísimo, pero que lo mandó unos días a la playa y le puso como tarea, para que no se quedara dormido bajo la sombrilla en cuanto le bajara la tensión, que tomase algunas notas de sus experiencias vitales en una libreta de bolsillo. Mi amigo se lo tomó tan en serio, tan decididamente dispuesto a bucear en sus naufragios personales, que, cuando regresó a la consulta, en vez de ponerle sobre la mesa algunas cuartillas mal arrancadas de la libreta, le facilitó al psicólogo la dirección de un blog que había creado, que llevaba por nombre “Contra corriente” y que tenía cifras poco menos que exorbitantes para un deprimido medio desahuciado: veintisiete entradas, más de doscientos comentarios y casi diez mil visitas en cuatro días.
Lo suyo fue un puro éxito, un resurgimiento desde las profundidades del abismo, en forma digital y literaria. Abandonando debidamente al psicólogo en cuanto estuvo enganchado a la droga bloguera, y gestionando eficazmente sus memorias personales, cada vez más demandadas por seres anónimos de medio mundo que se alimentaban de ellas, conoció un clímax de creatividad y relativa fama que no pasó desapercibido en otras esferas. No tardó en recibir una oferta suculenta para publicar aquellas memorias en papel del de siempre a la vez que cerrara el blog y descolgara sus textos.
-No quiero morir de éxito- me dijo un día en que soltó la tecla y cogió el teléfono.
Y durante un tiempo no supe más de aquel asunto de libros antiguos, editores avezados y producción literaria en la era digital. Pero no tardé en conocer que Pedro, finalmente, dispuesto a conocer la vida de un modo que no fuera siempre el de la pantalla, había acabado por claudicar ante la oferta de una multinacional del cuento. A cambio del blog cerrado, había obtenido un apartamento con vistas al mar y suficiente efectivo para pasarse el día tomando daiquiris y bronceándose junto a la piscina. Le veneraban por aquellos libros, ya tres, que se vendían como rosquillas y, además, la crítica no había sido especialmente cruel con sus pequeñas historias hechas para la conmoción y para la pena. Se ganó su sitio en el mundo económico y en el de la fama.
Un día acudió a una presentación de su último libro una conocida periodista y le esperó a la salida para invitarlo a cenar en un restaurante caro. Fue una velada agradable para su cuerpo y para su estima, pero a los pocos días ocupaba un lugar inesperado en las páginas más relevantes de la prensa rosa: que si desconocido acompañante, que si famoso novelista, que si su vida era un folletín de Dumas, que si esto y que si lo otro… Su representante, abrumado por las solicitudes televisivas de todo tipo, no paraba de proponerle entrevistas y declaraciones exclusivas de lo más variado, y a cada negativa aumentaba el monto de las siguientes ofertas, hasta tal punto que no tardó en rendirse a la evidencia: les convenía a los dos aceptar uno de aquellos magníficos contratos mientras estuviese subido en la cresta de la ola y sacarían ambos, representante y representado, beneficios que difícilmente caben en la imaginación humana. Así fue cómo mi amigo Pedro, navegando por procelosos mares, llegó al mundo rosa, vendiendo su vida en el papel cuché como antes lo había hecho en el papel literario, pero con una pequeña diferencia: los que antes lo aclamaban por escribir sus miserias en los libros, después lo insultaban por contar lo mismo para el gran público analfabeto. Pero a mi amigo Pedro, y a su representante, les daba exactamente lo mismo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Imanes en la nevera






Un gato con un cascabel, la luna con fondo de noche,

un pájaro multicolor, las alas desplegadas,
una casita encalada de blanco, una maceta,
buzones de correos de Londres, el Cafe de la Paix,
un barco a punto de salir de puerto, una flamenca,
algunos cocktails con hielo on the rocks,
una paella, un Don Quijote sin Sancho,
tranvías de Lisboa, azulejos granadinos,
una estrella de mar, varias ovejas de colores,
un Papa Noel, flores del jardín de Monet,
un reloj de estación, un drago milenario,
latas de atún Ortiz, la abuela de las latas de fabada,
el Coliseo romano, el Temple Bar de Dublín,
la puerta de la casa de Shakespeare junto al Avon,
una jarra de cerveza, una niña con flores,
una vaca muy seria con un cencerro muy grande,
cajas con huevos, vino de marca en cajas de madera,
una cruz, una fotografía del acueducto de Segovia,
cogollos de Tudela, un Sanfermín negro,
la Virgen del Pilar dice, libros antiguos cubiertos de polvo,
una zapatilla de ballet, el niño de los Simpson,
un décimo de lotería navideña, un torero,

todos,

todos sostienen la última nota
que escribiste en el papel rayado
del amor de siempre

para dejarme en la nevera.

¡No veas qué solos parecen
contra la superficie blanca
los imanes que compráramos juntos!

¡Y cómo sobra su absurda presencia
entre nuestros objetos!

Cada mañana son testigos de mis primeras horas
y de la tristeza con que vivo en tu ausencia.

Y son los últimos que ven cada noche
cómo me tomo el ansiolítico
antes de meterme en la cama,
para buscarte en los límites de la tela y la madera.

Entre todos los imanes,
eliminando las holguras que había entre ellos,
con la dedicación de un artesano,
he conseguido hacer un pequeño hueco,
lo suficiente para añadir un nuevo imán
a esta colección de amor y de años.

Trae el que quieras.
Lo vamos a poner sobre la palabra “adiós”.

Tal vez un bebé en su carrito.
O una paloma blanca con su ramo de olivo en el pico,
o la fruta de la pasión.

Puedes ponerlo con tus manos

suavemente

antes de que te abrace una vez más
y seamos de nuevo el imán y el hierro.



Tercer premio del VII Certamen de Poesía Villa de Herencia
(Herencia 2010)

martes, 7 de febrero de 2012

Nº 27 de la revista "Luces y sombras"


El jueves 9 de febrero, a las 19.15 h. y en el salón de actos de la Biblioteca Manuel Alvar de Madrid (sita en la calle Azcona, 42; metro Diego de León), presentaremos el número 27 de la revista de artes y letras “Luces y sombras”, que este año ha quedado especialmente bien gracias a los ilustradores y a los compiladores literarios. Como sabréis, la revista se edita anualmente en Tafalla (Navarra) bajo el auspicio de la Fundación María del Villar Berruezo y la dirección de Iosu Kabarbaien y quien esto escribe.

Intervendremos en la presentación, entre otros, la coordinadora gráfica Concha Trapero y los escritores Adriana Serlik, Mónica López Bordón, Jesús Aparicio y yo mismo, que haré de coordinador de tan variadas voces.

Os animo a compartir con nosotros este acto en el que por fin sale a la luz el trabajo realizado durante más de un año y a que os hagáis con un ejemplar de la misma en la seguridad que gráficamente y literariamente lo merece.

jueves, 2 de febrero de 2012

Venus en la chimenea

Como los gatos, insomne por las noches,
mientras en las viejas canciones ajeno naufrago,
trepas por la espesura de la vieja morada
y te afincas como un meteorólogo loco
en el tejado de la casa, mirando el horizonte.

Y cuando madrugo, la luna ha derrotado al puente
y los pescadores han lanzado sus preces a la laguna,
bajo tu magnética vigía.

Ángel de la guarda,
ángel mío cubierto de la escarcha acristalada,
de las medusas de los mares impíos,
sonriendo, carámbanos y viento,
en el tejado. Venus en la chimenea.

Si supieras que he soñado con tu luz
en los recodos oscuros de Conney Island,
y con tu brillo espeso en los neones
de una noche porteña en Callao,
que va la singladura del lecho desde nuestro río
a la cubierta a dos aguas de la casa…
Un surco de veleros en las escaleras,
una estela de plata en el azul de la pantera.

Has tejido una telaraña protectora
uniendo en un lienzo la marea de estrellas
y la lenta soledad de la vigilia,
y me he acunado en tu melodía de punto,
durmiendo del derecho, durmiendo del revés,
bajo tus ojos.

Faro de los fados de Monsanto.
Tango de arrastre. Venus en la chimenea.


(II Certamen Literario Premio Raphael,Asociación Raphaelista,
Móstoles 2010)