viernes, 30 de diciembre de 2011

Esperando al fin de año

Los últimos días antes de la Nochevieja son de una tensa espera. Sabemos que no es trascendente, que se trata tan solo de un calendario de los muchos posibles, pero no podemos racionalizarlo todo: las últimas compras, los preparativos para la cena, las campanadas de televisión y los brindis para celebrar un año más se imponen. Supongo que si el mundo se acabara en siete días, también cenaríamos, nos mandaríamos mensajes y brindaríamos, si no por el futuro, por el pasado, que también se añora. Os deseo, puesto que el mundo seguirá girando con la crisis sobre nuestras espaldas, un feliz y saludable año 2012.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Un año más no nos tocó el gordo de la lotería de Navidad, que va a resultar  tan falso como el orondo y pecador de Santa Claus. Pero, como no todo va  a ser negativo en fechas tan abrumadoramente señaladas, aprovecho estos días tan cortos y estas noches tan largas para desearos una Feliz Navidad en compañía de los vuestros, por más raros e inaguantables que sean. Besos y abrazos navideños.

martes, 20 de diciembre de 2011

Una misión pedagógica


Al marcharse de la aldea, los voluntarios de las Misiones Pedagógicas les dejaron a su cargo una pequeña biblioteca: libros de Antonio Machado, de Miguel de Unamuno, de Rafael Dieste, de Federico García…, y les legaron también la comezón terrible de querer aprender a leer. No había duda de que habían sembrado en el lugar adecuado. Solo era cuestión de tiempo que los frutos se lograsen, al menos eso era lo que creían entonces.
Luis había salido un día como otro cualquiera de la mina. Su mujer fue a buscarlo: “Han venido unos hombres de la capital y hoy por la tarde van a dar una función en el Ayuntamiento”. Se lavó como si fuera domingo y se vistió con el traje de los días especiales, no en vano era la primera vez que iba a asistir a una representación de teatro, de esas que en Oviedo costaban muchos reales y eran solo para los pudientes. No lo esperaba, pero lloró de emoción, tratando, eso sí, de que nadie notase que se le había hecho un nudo en la garganta y de que las lágrimas le limpiaban el alma: los actores contaban la historia de un pueblo que se rebelaba unido contra el tirano que les humillaba. La revuelta, que a él le parecía justa, se saldaba con la victoria de los suyos, porque él para entonces se sentía uno más de aquellos rebeldes para quienes había un futuro mejor.
 De vuelta a casa, quiso ser parte de quienes subían a las tablas para dar mensajes de esperanza como aquellos, pero no se lo dijo a su mujer, no pensara que había enloquecido. Pasó la noche en vela, trazando caminos interminables lejos de la profundidad sin horizontes de la mina. A ratos, cuando dormía, se veía armado con una horca tratando de derribar la puerta del alcalde de la villa para hacer justicia o, de repente, se soñaba en la biblioteca leyendo una comedia él solo, sin ayuda de nadie. Sueño y vigilia se alternaban, mezclando el color de carbón de la duermevela con el olor a tinta del mundo de los sueños.
Al día siguiente se apuntó a las clases vespertinas de don Ramón, el maestro que enseñaba las primeras letras a la Felisa y a la Manuela cuando ya los niños se habían marchado a su casa. Al principio lo echaron de menos en el café, donde solía jugar a las cartas, pero nadie dijo nada: el duende del teatro les poseía aún de vez en cuando en mitad de las situaciones cotidianas, como si fuese la salida a un laberinto intrincado, urdido durante años de sumisión y miseria.
Cuando tres años después llegó la guerra, Luis supo que su deber era alistarse en el ejército republicano. Con sus pocas letras ya había leído todos los libros de la biblioteca y tenía más que suficiente para subirse a las tablas y arengar a las masas contra la sublevación del tirano. Se sentía libre, se sentía solidario y único, un hombre  capaz de elevarse sobre sí mismo para luchar por la justicia de todos, uno más de aquellos muchos intelectuales que habían sembrado España de sed de cultura, de ansia de saber, y que en ese momento no estaban dispuestos a perder el futuro. Había emprendido él también su propia misión pedagógica en defensa de la libertad. Definitivamente era ya  el tiempo de actuar sin complejos para todos los suyos.

Accésit Testimonio Histórico
VII Certamen de Microrrelatos Mineros “Manuel Nevado Madrid”
(Oviedo 2011)